La Hipertensión Arterial es una de las enfermedades mas frecuentes que afectan a la población del mundo. Las estadísticas señalan una prevalencia de más de 20 % en población mayor a 15 años. Este porcentaje va aumentando con la edad de manera que sobre los 50 años, más del 50 % de los pacientes presentan niveles elevados de presión arterial. Solo dos tercios de estos pacientes conocen su condición y de los que se saben hipertensos solo la mitad se trata; junto con considerar que de los tratados solo la mitad está bien controlado.
Son hipertensos aquellos pacientes que tienen sobre 140 / 90 mm de Hg. en forma sostenida. La gran mayoría no tiene síntomas y la Hipertensión arterial va dañando “silenciosamente” al corazón, los riñones, grandes vasos, al cerebro y retina hasta que, sin aviso, el paciente presenta complicaciones graves tales como: un infarto al miocardio, un Accidente Cerebro Vascular, aparición de insuficiencia cardiaca o renal que inexorablemente lo llevan a la invalidez o a la muerte. Por este motivo se le llama “el asesino silencioso”.
Existen dos grandes tipos de Hipertensión Arterial, la más frecuente (más del 90 % ) es la llamada Hipertensión Arterial Primaria o Esencial cuya causa tiene relación con un mal manejo de la sal (cloruro de sodio) y la Secundaria ( 10 %) que puede ser por falla renal u obstrucción de la arteria renal, por ingesta de fármacos como anticonceptivos, por algunos tumores, etc. Es importante hacer el diagnóstico diferencial porque en el caso de la Hipertensión arterial Secundaria se puede hacer un tratamiento definitivo.
Es muy importante, una vez hecho el diagnóstico de Hipertensión Arterial, cambiar los hábitos de vida: implementar las llamadas ‘medidas generales’, que involucran el abstenerse de fumar, bajar de peso, reducir el consumo de sal a menos de 6 gramos diarios, aumentar el consumo de frutas y verduras y otros alimentos ricos en fibras, disminuir la ingesta de grasas saturadas y hacer ejercicios aeróbicos como caminar o nadar. Estas medidas han demostrado que bajan la presión y disminuyen significativamente los riesgos de sufrir un infarto agudo del miocardio o un accidente cerebro-vascular.
Cuando la Hipertensión se asocia a otras enfermedades, principalmente diabetes e hipercolesterolemia, los riesgos de sufrir complicaciones se multiplican, desgraciadamente esta condición, es bastante frecuente.
El tratamiento con fármacos debe ser de por vida. Cuando se inicia un tratamiento y la Presión Arterial se normaliza, muchos pacientes dejan de tomarlos pensando que ya se mejoraron; sería lo mismo que por fallas en la visión fuéramos al oftalmólogo, nos indicara lentes con los cuales veríamos perfecto y los dejáramos de usar porque ya vemos bien; lo que hace indispensable educar al respecto.
Por último, debemos estar atentos a la aparición de algunas reacciones adversas que pueden producirse al usar medicamentos, ya que toda prescripción es un riesgo entre beneficios que se desea lograr y posibles efectos no deseados que los fármacos pueden ocasionar Por ello, la automedicación debe evitarse y recordar que lo que toma mi amigo o pariente no siempre será lo que yo necesito aunque sea, aparentemente, la misma enfermedad. Si bien podemos parecernos, somos diferentes y, siendo diferentes, somos los mismos en cuanto al riesgo que una enfermedad tan frecuente y silenciosa puede ocasionarnos una muerte que podemos evitar.